|
Turista accidental vs. alimaña del desierto
Vista hoy, nos puede parecer que “Las colinas tienen ojos” es una película algo ingenua, pero en su momento (hace ya más de treinta años), desató controversias respecto a su carácter explícito y su alegoría sobre la violencia que forma parte natural del ser humano. Fue uno de los títulos que mejor ilustraron el enfrentamiento entre civilización y barbarie, al margen de aprovechar el tirón de “La matanza de Texas” y la lectura política de “La última casa a la izquierda”. La película de Craven superó su condición de película de explotación gracias a una serie de virtudes que sigue manteniendo. Virtudes que se convertirían en cliché en otras películas de temática similar. Desde la elección del reparto (de ello hablo más abajo) hasta un rodaje austero en pleno desierto, con esos paisajes irrealmente áridos y esa sensación de amenaza tan atroz, rozando, aunque suene paradójico, la claustrofobia. Película río (re-estableció algunos cánones del género), con interesantes apuntes políticos (acentuados en la superior versión de Alexandre Aja) y una sordidez moral remarcable (véase el célebre asalto a la caravana). Hallamos aquí a dos actores que se convertirían en sendas presencias icónicas del género; por un lado la encantadora Dee Wallace, que encadenaría colaboraciones con Joe Dante, Steven Spielberg, Lewis Teague, Tobe Hooper, Peter Jackson, Rob Zombie o Ti West. Por otro, Michael Berryman, que repetiría con Craven en "Bendición mortal", "Invitation to Hell" (TV) y en la inenarrable "Las colinas tienen ojos 2" (¡Verla para creerla!!), además de ser convocado para "Cut and Run" o "Los renegados del diablo". Así, “Las colinas tienen ojos” ha quedado como un clásico del llamado “American Gothic” y una película ineludible para entender la evolución del terror norteamericano de los 70. Pese a quien pese.
Sirope 
|