No soy una fanática del género de terror y tampoco del gore. Puedo, y de hecho me gusta, ver de vez en cuando una peliculilla, aunque por lo general son todas bastante malas. En esta ocasión he acabado con un buen sabor de boca, pero con muy mal cuerpo.
El principio es lento, pero también muy sentido y emocional y nos va integrando en el mundo solitario de Sarah, la protagonista, y en sus aparentes pocas ganas de vivir y de tener al bebé. El resto de la película nos demostrará que no es así, además de que Sarah tiene un admirable aguante al dolor y a la pérdida de sangre.
Desde la primera llamada a la puerta ya tenemos el corazón en vilo. La primera mitad de la película está magistralmente rodada, con planos muy bonitos, llamativa fotografía y ambiente opresivo y solitario, apelando al horror de encontrarnos solos. El horror va tomando forma e intensidad. Esa psicópata que comienza cuidadosamente, prestando atención a los detalles, y que después se transforma en una bestia que no se detiene ante nada. La chica desamparada va encontrando maneras de defenderse y plantar cara a su agresora... con más mala suerte que buena. Sin embargo, a partir de la mitad de la película, el horror psicológico comienza a decaer. La frágil premisa de guión (que en un principio es suficiente) comienza a tambalearse al introducirse elementos extraños y forzados. El final es un festival de sangre y gore gratuito (gratuito en el propio sentido de la tónica de la película). El guión implosiona sobre sí mismo y se desvanece... y nos quedamos tan vacíos como Sarah.
Por esa mitad meritoria, por la angustia y el mal cuerpo que deja, recomiendo la película a aquellos que conozcan qué tónica se va a llevar. Definitivamente no es una película para todo el mundo.
spoiler:
Lo mejor: La primera media hora, el horror que logra infundir, la interpretación de ambas protagonistas.
Lo peor: El policía zombi, la traqueotomía sin sentido, el mal efecto de la quemadura en la cara de la mala.