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Nusret & Murat
"La caja de Pandora" es una de esas películas que no harán fulgir la pantalla gracias a su intensidad o ritmo. El hasta ahora desconocido Ustaoglu, construye su film acogiéndose a esa máxima del "sin prisa pero sin pausa", y haciendo que todo emane una sencilla tranquilidad, un calmado poso que nos transportará directamente a las entrañas de sus protagonistas, a las emociones que empaparan la pantalla una vez concluido el viaje de sus diversos personajes.
En una primera toma de contacto observamos como, mediada la presentación de personajes, dos de ellos, Nusret y Murat, se alejan de sus respectivos hogares sin saber porque. Acto seguido, un viaje da comienzo, y en ese mismo instante empiezan a surgir la duda y el resquemor, un conflicto familiar estalla entonces, pero el punto de destino no se demora.
A partir de ese momento, y tras el retorno, Ustaoglu juega inteligentemente con las situaciones que desembocan en un agravamiento de la herida abierta minutos antes y logra, sin forzar la situación, sin romper la atmósfera creada, poner más temas sobre la mesa (el descuido, la irresponsabilidad, etc...) y conseguir que esos temas generen una respuesta en el espectador mientras éste sigue atento al desarrollo del conflicto entre hermanos.
El talento de la realizadora, pues, se podría decir que ayuda a desarrollar a la perfección las distintas facetas que ofrece un trabajo como "La caja de Pandora" y, empujado de unas buenas interpretaciones, en especial de Tsilla Chelton y el desconocido jovencísimo actor Onur Unsal, que otorgan las cualidades necesarias para hacer de esta pequeña delicia un agridulce trabajo con el que demostrar que, más allá de Bilge Ceylan y Akin, hay vida en una Turquía cuyo cine cada vez va más allá, y ofrece mejores resultados.
Mención aparte para el maravilloso y tristísimo final, en el que el simple reflejo de una mirada dice muchísimo más de lo que podría decir cualquier diálogo, expresión o gesto. Sencillamente inolvidable.
Grandine 
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