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El negro comienzo de los Coen
Y no lo digo por malo, sino porque menudo thriller se marcaron los hermanitos como debut. Una historia que no inventa nada nuevo dentro del género, pero que está rodada con tal pulso, sentido del ritmo y tensión, que está abocada a convertirse en un clásico moderno del género negro en formato celuloide (si no lo es ya).
Sangre fácil desprende durante todo el metraje ese olor a destino fatal, a causticidad y desesperación de las mejores novelas de Cain o Thompson. Su aire clásico se combina con una dirección que se sitúa del lado de los personajes, en un afán por descubrir sus más íntimos pensamientos y definir sus motivaciones. Con apenas cuatro personajes, Sangre fácil monta una trama que atrapa al espectador y lo rodea con la misma fatalidad que acecha a los personajes. Todo ello dentro de un ambiente árido, texano, recientemente revisitado por los Coen de manera sublime en No es país para viejos, que tiene en común con esta su primera película el especial tratamiento de la violencia, vista como algo inevitable que nadie puede detener.
Sangre fácil fue un prometedor debut que luego no se vio defraudado. Los Coen nos han dado muchas razones para creer en el cine, siempre en la doble vertiente en que se han movido: el thriller y la comedia, no siempre separados (véase Fargo, otro clásico). Son una pareja con una inusual sintonía que esperemos dure muchísimos años. Sus películas, mejores o peores, siempre son una alegría para los amantes del cine.
juanantlopez 
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