|
Nadie siente.
Vale, la peli es buena. Vale, elige un tono frío, casi displicente, documental a ratos. No carga las tintas, trata de reflejar la realidad. Lo de siempre. Estos argumentos los hemos leído miles de veces.
Problema menor: La duración es injustificada. No aporta nada. No sirve para conferir mayor veracidad a la historia, no sirve para involucrarnos con los personajes, para tocarnos ninguna fibra sensible.
Ese problema menor acaba acrecentando el problema de verdad importante: la peli acaba siendo tan fría y apática como el tono que pretende imprimir. Es el problema de este cine, algunos lo superan y otros no. No saber el momento en que hay que quitarse los guantes de látex para acariciarnos “a pelo”.
Y ya, ya sé que ese tono es veraz, que busca la emoción sincera desde un punto de vista no recargado, espontáneo... Y que esa sencillez provoca una emoción profunda y franca, una emoción que penetra en el espectador sin trampa ni cartón, sin el tono afectado recurrente en estos casos... y yo lo agradezco. De verdad. Pero me deja frío.
Y bien que lo siento.
Bloomsday 
|