Lo que daría por estar ahora mismo con Jarmusch y Waits en cualquier bar dejado de la mano de dios tomando unos tragos mientras Tom improvisa cualquier cosa a la guitarra. Sin pensar nada, sin hilvanar nada coherente en la cabeza, sin explicaciones psicológicas. Tantos siglos perdidos buscando un sentido a las cosas, para terminar comprendiendo que no hay sentido posible. Así transcurre esta película, como una noche de verano en la que no hay prisas ni ningún sitio al que ir corriendo (sea el trabajo, la novia o la universidad). En lo imperfecto reside la virtud. Un alivio. Un chorro de optimismo. Un gustazo recuperar sensaciones olvidadas demasiado tiempo. Yo a partir de mañana me doy de baja de esta vida. Me cambio el software. Definitivamente es posible vivir de otra manera. Cualquier película que no pretenda demostrar una tesis sobre el género humano tiene un lugar en mi corazoncito. Ésta ya lo tiene.
spoiler:
Ahora sí (para aquellos pocos a los que les pueda interesar) me esfumo por una temporada.