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Una hermosa película pequeña
“Cuantas hermosas películas pequeñas se podrían haber hecho con el presupuesto de Titanic”. Así se expresaba Zhang Yimou en la rueda de prensa para presentar El Camino a Casa. Y precisamente esta película parece la demostración práctica de ese pensamiento que muchos compartimos. Es como si Yimou quisiera mostrarnos como contar una sencilla historia de amor entre dos jóvenes eliminando cualquier elemento superfluo que distraiga de este propósito, incluidos los diálogos y simplificando la historia, intentando expresar el máximo posible solo con la cámara. No deja de ser un planteamiento enormemente arriesgado, pues en realidad esta mas cercano al cine mudo que al actual. Pero Yimou resuelve el trabajo con una elegancia y sencillez asombrosa. Es imposible abordar un proyecto de estas características sin contar con un gran director tras la cámara, y si algo destaca sobre todo lo demás en este film es precisamente la dirección. Personalmente creo que es uno de los ejercicios de dirección mas perfectos de la última década. El film esta lleno de largas escenas casi sin diálogos, con la ocasional voz en off del hijo contando la historia, que nos recuerda rápidamente el uso que hizo el director de este recurso en su debutante Sorgo Rojo, soportando todo el peso de la narración en la imagen y el montaje. Yimou es capaz de capturar todo lo que recorre el interior de la protagonista, que no por simple deja de conllevar una extrema dificultad al trasladar estas emociones a imágenes. Es todo un festival de metáforas y utilización de los objetos como elementos simbólicos. El tazón, la comida, el camino, el telar, la escuela... alcanzan la categoría de pequeños actores secundarios. También resulta destacable, de nuevo, el uso del color en el film, logrando momentos de gran belleza visual, en el que ademas empiezan a ganar en peso emocional según avanza el film, en el que predominan los amarillos con pequeños pero significativos detalles del rojo. Afortunadamente ni un ápice de la sensibilidad visual del director se pierde gracias a una fotografía simplemente magistral, que de nuevo delata los orígenes del director. En cuanto a Zhang Yiyi, no puedo decir que sea Gong Li, porque llegar a esos niveles ya es pedir mucho, pero el buen hacer de la actriz es innegable. El resto se ajusta muy bien al conjunto, desde la evocadora música (con un único tema), la ambientación o las localizaciones. The Road Home es una película que en el fondo está mucho mas cerca de John Ford que de cualquier otro director contemporáneo, capaz de sacar de la historia mas cotidiana pura poesía gracias a su profunda comprensión de la esencia del cine. Es cine del grande, aunque sea bajo el envoltorio de una "hermosa película pequeña".
jairechu 
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