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¡¡¡Gracias Kong!!!
Esta crítica me valió ganar un concurso para viajar a Nueva Zelanda, y he decidido compartirla con todos vosotros.
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Una desamparada actriz de vodevil, un director de cine que ansía el éxito por todos los medios, y un escritor amante del teatro: tres caminos que se unen en un solo destino, Skull Island.
Con esta premisa comienza a desarrollarse el King Kong del genial Peter Jackson. De este modo se combinan un conjunto de ingredientes que conforman el éxito de esta película: escenarios exóticos e inimaginables, misteriosos indígenas y rituales, aventura, lucha por la supervivencia, “bichejos” de toda clase y tamaño y, ante todo, la paralela historia de amor entre Jack Driscoll y Ann Darrow y Ann Darrow y Kong.
Naomi Watts se consolida en el firmamento de las estrellas de Hollywood con un papel que borda a la perfección; es la más digna sucesora de Fay Wray, la Ann Darrow original. Adrien Brody (Jack Driscoll), el “feo” atractivo, vuelve a acertar y no defrauda; conserva la esencia del Brody merecedor de un Óscar por “El pianista”. Por otro lado, Jack Black (Carl Denham) sale asombrosamente airoso del género cómico en el que parecía estar encasillado e interpreta el papel de la más absoluta codicia personificada, un personaje al que le importa más el dinero que la vida de los demás o la suya propia.
Hablar de estos tres actores y de sus personajes me lleva a tratar un tema que fue lo que más me impresionó de la película: el lenguaje de los ojos; personajes que, con sólo una mirada, se lo dicen todo. Digna de mención es, sobre todo, Naomi Watts (Anne Darrow), capaz de interpretar sólo con la mirada, una mirada que sugiere, quizás no amor por Kong, pero sí ternura y dulzura. Sin embargo, las miradas de Driscoll y Kong sí inspiran amor por Anne. Por otro lado, es destacable la ambiciosa mirada de Denham, que ve en King Kong una mina de oro y éxito.
Otro punto a destacar son los actores secundarios, sobre los que se alza Andy Serkis, que a su vez en protagonista absoluto dando vida a los movimientos del simio gigante.
En cuanto a otros aspectos de la película, la ambientación del Nueva York de la Gran Depresión y los escenarios selváticos de Skull Island son fidedignos, y los efectos especiales, aunque en ocasiones pueden llegar a saturar, hacen que sea posible el realismo de los ambientes. La banda sonora es bastante buena, aunque carece de la magia de la del Señor de los Anillos, compuesta por Howard Shore.
En conclusión, es una escala de 0 a 10 puntúo “King Kong” con un 9, no exento de preguntas: ¿de dónde sacaron tanta gente rara para hacer de indígenas de Skull Island?, ¿eran indígenas de verdad?, ¿cómo subieron a Kong al S. S. Venture?
Pero, a pesar de todo, Peter Jackson consigue llevar a buen puerto su anhelada película sobre King Kong, sobre su King Kong. El rey ha regresado.
Padme 
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