Una pintura, sólo que viva. Un poema que penetra directamente en nuestro interior. Un sentimiento compartido, flotando ante nuestros ojos a la espera de que lo abracemos.
A mis ojos, la mejor película de este director excepcional que es Takeshi Kitano (hay quien ataca su cine, pero es sin duda un genio que no tiene nada que envidiar a los grandes maestros del cine asiático de los que es un digno sucesor, llegando con esta obra a superar a sus predecesores).
Una película hermosísima, llena de sentimientos, de sensaciones. Sin embargo, lo que nos transmite es pesar, tristeza, desolación. Un declive vital en el que apenas destacan algunos destellos de esperanza.
Es una película atípica en la filmografía de Kitano, pero eso la sitúa por encima de las demás (también grandes películas, seamos sinceros).
Para los que no estén familiarizados con este tipo de cine la película podrá resultarles pesada y aburrida. Pero hay que reconocer que se trata de un film bastante elitista.
Se la aconsejo a cualquiera mínimamente sensible.
spoiler:
Lo mejor de la película, en mi opinión, transcurre cerca del final.
Ella le mira, y le reconoce. Le muestra el colgante que le regaló.
Y te das cuenta de que ese es el momento más alegre y a la vez más triste de toda la película.
Cuando vi esa escena, me eché las manos a la cara y exclamé como una colegiala.