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Lo tengo en el coco. Hoy voy a palmar.
Remake llevado a cabo por Tony Scott ("Domino", "Deja vu"), quien impone su estilo característico: montaje dinámico, cámara lenta, estética de video-clip y mucha acción.
Denzel Washington es un orondo funcionario (ha engordado para la peli) de la red de metro de Nueva York, rebajado en su escala profesional mientras transcurre la investigación que lo acusa presuntamente de un delito de soborno.
Travolta es el secuestrador (¿católico?) sin escrúpulos. Si al principio cuesta verlo como un chiflado terrorista, va de menos a más hasta hacerse con el papel (aunque no se explica que aporte tantos datos sin importarle).
Película sencilla, de acción trepidante, de usar y tirar. Se echa en falta algo más de tensión en lugar de tanta acción. Tiene muchas lagunas (los ayudantes de Travolta son sencillamente penosos, ese ordenador…). Un factor importante en la aceptación de este tipo de películas reside en su credibilidad. Cuantos menos fallos puedan sacarse del operativo o más se pasen por alto, mayor aceptación.
Sin duda muchos espectadores irán al cine por la presencia de Denzel Washington (me incluyo entre ellos). Aunque siempre es una garantía (es uno de los grandes actores contemporáneos), y se eleva un poco de la media del film, está todo lo bien que se puede en una producción intrascendente y en un papel que le tiene sentado en una silla (de ahí su sobrepeso) mucho tiempo.
Turturro aporta su granito de arena, como experto negociador, confiriéndole seriedad al centro de operaciones (aunque menuda entrada tiene).
Se ridiculiza al alcalde de Nueva York (James Gandolfini, de "Los Soprano") para que luego lance su “speech” políticamente correcto y en un momento dado la super-policía se asemeja a “Los hombres de Paco”.
Dentro de los estrenos de esta última semana de Julio, puede ser una opción válida como puro entretenimiento (el tráiler ya anticipa lo que se va a ver).
Gabriel 
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