En manos de otro que no fuera Hitchcock, esta película hubiera quedado confusa y mal hilvanada por culpa de la inoperancia del director. Pero Don Alfred consigue mantener el interés de una enrevesada trama cada vez que el guión puede decaer en trivialidades. Especialmente bastan tres escenarios para lograr esto en más de dos horas, al igual que dotar de cierta razón de ser a algunos personajes que parecen "de relleno" (ver spoiler).
También funciona la química de sus dos atractivos protagonistas, Paul Newman y Julie Andrews (alejada aquí del musical), los cuales curiosamente no volvieron a trabajar con Hitchcock.
Además, la película contiene unos cuantos mensajes a propósito de la Guerra Fría, realizando una crítica política a la misma dentro del contexto de la "fuga de cerebros" de brillantes científicos de ambos lados del Telón de Acero.
spoiler:
Las mejores escenas se desarrollan: En la cabaña, con Paul Newman y la joven alemana tratando de arrastrar el cuerpo de Gromek hacia el horno; la persecución al autobus es, sin duda, la más recordada del argumento; por último, el ballet en el teatro supone el clímax final que necesita una buena película de intriga. En todos los casos el manejo de la cámara por Hitchcock es portentoso.
En cuanto a los personajes sobrantes: La condesa polaca es la representación de los que trataban de huir del comunismo, al igual que los pasajeros del autobús encabezados por la antipática que siempre se queja. Con ella Hitchcock nos deja la duda de si, al apearse, delatará a los protagonistas. Y finalmente, ¿quién iba a decirnos que, la que se creía la estrella al bajar del avión, podía jugar un papel tan relevante en el desenlace de la trama? Un as en la manga que sube considerablemente la nota a la película.
Incluso el propio Armstrong es una caja de sorpresas. Su plan inicial de trabajar para los comunistas con el pretexto de desarrollar un proyecto para la paz resulta ser una tapadera de espionaje para informar a su patria.