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Por qué creemos que es necesario decir gilipolleces para estar cómodos.
Dice el DRAE que importante es “aquello muy conveniente o interesante, o de mucha entidad o consecuencia”. Por encima de cualquier otra consideración, “Pulp Fiction” es una película importante, porque se trata de una de las obras que más repercusión cinematográfica y de otra índole han tenido en los últimos catorce años. También una de las más controvertidas. Particularmente, no es una película que me fascine, Tarantino me parece un director pagado de sí mismo y claramente sobrevalorado. Pero, junto con Spielberg es el cineasta más conocido en todo el mundo, y eso no está al alcance de cualquiera, justo es reconocérselo.
Al margen de consideraciones personales, esta película, que convirtió a su director en megaestrella internacional, reúne algunos elementos interesantes, la mayoría de los cuales ya estaban esbozados en “Reservoir Dogs”. El principal problema es que Tarantino es, de por sí, excesivo, de manera que no se trata tanto del qué, ni siquiera del cómo, sino sobre todo del cuánto. No cabe duda de que el amigo Quentin es muy inteligente; pero siempre me asalta una duda cuando veo una de sus películas: no sé si es un mal director que se cree bueno, endiosado por fanáticos y crítica, o si se trata de un mal director que es perfectamente consciente de ello, pero que juega a engañar a la audiencia con un cinismo encomiable.
También he de reconocer que “Pulp Fiction” es una de las pocas películas que no sé cómo calificar, por momentos me parece tediosa, casi insoportable, pero a ratos destella una genialidad que me descoloca. Los actores están, en general, bastante bien, la estética y la banda sonora son otro de sus indudables puntos fuertes, y la habilidad para resolver las situaciones grotescas mezcladas con una violencia bastante gratuita son un sello inconfundible de Tarantino. Pero también lo son el recurso al montaje en flashbacks, que sigo pensando que no añaden nada a la historia; y sobre todo unos diálogos artificialmente vulgares y pretendidamente trascendentes que me parece que hacen más mal que bien a la película.
En cualquier caso, una obra de obligada visión. Es cultura general, y no sólo cinematográfica.
SHINBONENINÁ 
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