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FUNDE EN NEGRO
Funde en negro.
Robert Towne busca la forma de revivir el cine negro. La forma que encuentra es escribir un brillante guión, lo hace.
La base de todo guión es el personaje y la acción, Towne lo sabe bien.
El personaje: Jack Gittes, ex policía del Barrio Chino, devenido en detective privado, hombre frío y calculador, con gran intelecto y por sobre todo agallas.
La acción: un nuevo caso a resolver, intrincado, peligroso, lleno de engaños y mentiras.
Para lograr mayor nivel de acción se debe elegir un buen trasfondo, Towne investiga, escoge la crisis por el agua de Los Ángeles, intenta conectar la ficción con la realidad. Lo logra
Luego para un buen guión se debe poblar la historia con los acompañantes de la acción, nuestro detective está solo, necesita una historia de amor, difícil, fracturada. Surge una mujer en su vida, con ella llega su padre.
Terminado el guión se lleva por las productoras, Robert Evans lo escoge.
Se busca director. Se llama a un director polaco arriesgado. Él acepta... y ya nada será lo mismo...
Roman Polanski convirtió el guión de Robert Towne en la mejor película de cine negro fuera de su época dorada. Polanski lo cambió todo y así una buena historia se transformó en una excelente película con su original ejercicio del estilo. Polanski sabe manejar la atmósfera a su antojo convirtiendo a los espectadores en marionetas mientras él maneja los hilos.
Maneja bien los cambios de registro logrando darle a la historia lo que necesita, en este filme evita los altibajos, no dejando lugar al aburrimiento.
La forma de lograrlo fue oscureciendo aún más la historia original, cambiando el final por uno más oscuro pero más real. Escogió su reparto y este brilló dentro de la oscuridad de la cinta. Jack Nicholson, Faye Dunaway, John Huston fueron los responsables de hacer creíble y tan disfrutable esta historia (incluso el mismo Polanski participó en una escena, culpable de la herida en la nariz de Gittes).
La acción no te deja respiro, la intriga te mantiene al filo de la navaja durante sus 130 minutos, posee sobresaltos bien resueltos, todas las emociones desfilarán por tu mente.
Es destacable la fotografía de Alonzo casi al punto de magistral y qué decir de la banda sonora que sabe introducirnos tan bien dentro de la época y hacernos saltar en los momentos justos.
¿Quién dijo que el negro es el color del vacío?
La película logra lo que quiere y hace revivir a un género que nos ha dado tan gigantes obras. Solo me queda decirles: ¡Gracias!
Maldita Fiera 
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