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Asco por la Humanidad
Estamos ante un caso de “secuela que supera a la original” (ya ésta se nos antojará inocente)
Supera en gore, agobio, tortura, sexo, dificultad en distinguir el bien del mal.
Como el mecanismo del Hostel lo conocemos (de hecho hay un resumen al principio de la película), ahora nos adentramos en su estructura interna (subasta, iniciación de los cazadores, el robo de pasaportes) nos adentramos en el quehacer diario de los anfitriones del hostal y de sus clientes-cazadores. Éstos ya no son anónimos ni asesinables a la primera de cambio, pues son, irónicamente , tan importantes como la protagonista. A su vez, podemos apreciar las nuevas medidas de seguridad que se ha tomado la “Fábrica” para que no se vuelvan a repetir los sucesos de la 1 parte (llegando a un nivel de profesionalidad y eficacia envidiable).
Las famosas escenas de sexo que impactó al público con la primera (que no eran para tanto ni tan frecuentes) se sustituyen por depravados fetichismos mortales (y si se me apura hasta metafóricas).
El gore que no tuvo la primera (para disgusto de los inconformistas) se triplica. Tan explicita que obliga a apartar los ojos hasta a los más expertos en terror. El ejercicio de mostrar, rodar, escribir las escenas de tortura requiere una mente retorcida, llegando a la perturbación más insana. No estoy de acuerdo con la censura, pero en esta película la vería comprensible y lógica.
Las torturas son más sofisticadas, más cuidadas: se preparan escenarios, se maquillan a las victimas, a las cuales se les abandona con su angustia para que enloquezcan en la celda, se les desnuda, cuelga del techo, tapa la cabeza, amordaza, devoran, degollan, electrocutan, retoman con ellos las torturas medievales.
Cuando el cazador entra en la sala, el mundo exterior deja de existir, solamente están ellos dos, solos ante el silencio del goteo y del grito, y los instrumentos. Y como mucho los vigilantes del pasillo y sus cámaras.
La fábrica es un mundo cruel, no respeta ni salva a nadie: victimas, cazadores, embaucadores y sebos, todos son asesinados por el ser más cruel, Don Dinero.
El espectador se sume desde el principio en un estado de paranoia y angustia, en Eslovaquia cualquiera puede ser un cazador o un trabajador de la fábrica: residentes, jóvenes, niños, gente disfrazada, ancianos, hasta los perros.
Técnicamente buena: primeros planos de las herramientas, del horno que consume los recuerdos de las victimas. Maquillaje muy bueno.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Quién parecía bueno resulta ser malo, y viceversa, o personas buenas que se transforman en asesinos (como ocurrió en la primera). La vida humana pierde valor, en la película; porque el espectador, que sufre tanto con las victimas, apreciará más la vida de los demás, leyendo los ojos de los que van a morir comprenderá que NO se debe causar tanto daño, hasta puede que sienta remordimiento si desea la muerte de los torturadores. Después de todo son personas con su vida, familia y trabajo, como nosotros.
No estamos acostumbrados a la tortura, al contrario de los niños vagabundos, que lo ven de lo más normal.
Se siente repugnancia por la humanidad, que despelleja a sus individuos por realizar sus instintos más primitivos (sadismo, lujuria, avaricia).
No estará basado en hechos reales, pero sí existiesen los medios existiría.
Nefasto_Cinéfilo 
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