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Realismo japonés bonachón
Bravo Kurosawa, fuiste capaz de expresar la emotividad humana como ningún otro, sin clichés, y demostrando que no hace falta meter un secundario negro gracioso con la voz de Eddie Murphy, ni a un malo gritón sobreactuado, ni a un héroe blanco anglosajón protestante, ni a una mujer de buen ver como recompensa.
Te diré que es lo que veo en tu film.
Veo la entidad del ser humano tan bien reflejada que me arrodillo ante ti.
Veo humanos que lloran, suplican, tienen miedo, ríen, comen, duermen, buscan… y todo ello lo hacen sin tapujos delante de la cámara. Desde el más humilde campesino desgraciado, hasta los samuráis más fuertes y secos. Todos ellos tienen su momento, se unen, hablan, se divierten cuando están tranquilos, se asustan cuando llega el combate, comen juntos entre sonrisas, lloran ante la perdida de un compañero y se enorgullecen ante el enemigo abatido. ¿Qué más puedo pedir?
La historia es sólida, el guión es un clásico indiscutible que forjo después todo un genero como fue el western. Los actores lo bordan, la duración es extensa, pero de ninguna manera aburrida o innecesaria, y esos combates rápidos y precisos, que contrastan con la fastuosidad excesiva de movimientos que tenemos que tragar ahora gracias a películas como Matrix.
Señoras y señores, un peliculón enorme, entretenido, y una obra de arte.
Venganza 666 
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