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Luces de la ciudad
Esta película es un perfecto ejemplo de cómo hacer buen cine sin necesidad de grandes presupuestos, ni de grandes actores, ni de una gran idea; sólo saber hacer. Porque "Once" es todo autenticidad, sinceridad y emoción.
Cuenta el encuentro de dos personas con el bolsillo y el corazón roto que comparten una gran afición: la música. Y entonces desaparece el guión, narrativa, dirección e incluso interpretación, porque la que lleva el hilo de la historia es la música. A través de ella se sugiere todos los estados de ánimo de los protagonistas, sus dudas, sus deseos, sus recuerdos. Supongo que esto será inane para aquel que no le guste la música indie, pero yo, que tampoco soy aficionado a ella, me metí completamente en la historia.
Y quizá ahí resida el secreto para saber transmitir el amor, en contarlo a través de la música. Porque el amor se parece a una melodía, a veces te viene a la cabeza y no te la puedes quitar, si es buena llega al alma, y es tan maravillosa porque es bella, suave... yo qué sé, porque sí.
Esta película en su pequeñez de metraje, de historia, de presupuesto, encierra un encanto incalculable, un corazón inmenso. Y ésa, desde luego, es una de las señas de identidad del gran cine.
GVD 
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