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El terror de los medios
El otro día vi una entrevista con Jaume Balagueró en la que afirmaba que Paco Plaza y él tenían como objetivo principal de REC conseguir que produjera el mayor miedo posible. Además, se plantearon un nuevo enfoque para el género, y decidieron desarrollar una historia de terror vista en un formato televisivo. Un experimento arriesgado, pero que ha merecido mucho la pena. La película funciona sorprendentemente bien, y el público ha respondido.
La gracia de REC es el modo en que está rodada: cámara en mano, sin montajes engañosos, y captando la realidad para ofrecerla como seudo-documental. La historia no es nada del otro mundo, aunque hay que reconocer que Balagueró y Plaza saben darle cierta consistencia e incluso un giro final un tanto inverosímil pero nada forzado.
REC está hecha para poner cardiaco al espectador; se sufre de verdad, por una vez el tráiler no nos engaña. No es tanto el miedo como la sensación constante de angustia y claustrofobia. La situación en que se ven inmersos los protagonistas y el modo en que es captada impide que nos desentendamos de lo que está pasando. Inevitablemente vamos a sufrir -y mucho- con ellos.
REC, sobre todo, sabe guardar un equilibrio entre lo que se sugiere y lo que se muestra. Hay en ella escenas de puro terror en que el agente del miedo sólo se intuye. En otras, por el contrario, el sufrimiento y el terror se nos muestra de forma rotunda, brutal, sin cortapisas de ningún tipo. Saber moverse en este terreno sin caer en el exceso ni en la gratuidad no es nada fácil, y Balagueró y Plaza, aunque parezca que en algún tramo del film se dejan llevar por el efectismo, saben al segundo cómo volver a encauzar la historia para no dejarla caer en una frustrante y rutinaria cadena de ruidos y sustos. Hay muy buena mano detrás de las cámaras de REC.
Otra de las joyas de esta película es, como indica muy bien Carlos Boyero, la "mordaz caracterización de los vecinos". Con ella, REC parece aún más real, le da más peso a su historia y consigue unos personajes que no son meros fantoches esperando su muerte, sino verdaderas personas reaccionando verosímilmente ante una situación extrema. Y ya puestos, incluso podemos interpretar REC como una malévola reflexión sobre los medios de comunicación, de su poder para filtrar la realidad y de cómo pueden ser el mejor y el peor modo de captarla. Todo al lema de "¡No dejes nunca de grabar!".
REC es una película para disfrutar pasándolo mal, como todas las buenas películas de terror. La película de Balagueró y Plaza es todo un experimento con voluntad de renovar el género. Me alegro de que haya tenido éxito, y de que, en buena parte, el público haya sido el culpable de ello.
juanantlopez 
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