|
La expropiación del alma.
Tomando como base histórica y real lo sucedido en el cercano pueblo leonés de Riaño, por el cual éste desapareció tras ser sepultado por las aguas de un moderno pantano, teniéndose que ir la gente a un novísimo pueblo (también llamado Riaño) o bien emigrar a otras zonas (a mi pueblo, entre otras), el cineasta argentino Enrique Gabriel ha rodado, precisamente en tierras leonesas y palentinas, sobre todo, esta película. Y nos cuenta los últimos días de un pueblo que va a ser enterrado por la construcción de un pantano. Hasta allí llega un hombre (Luppi), oriundo del mismo pero emigrado hace largo tiempo a la Argentina, y allí encuentra a los viejos amigos, los viejos amores, las viejas sensaciones, el retorno a las raíces.
Es "Las huellas borradas" una película sólida y sobria, desnuda de pesados equipajes, diáfana y concisa. Trata de la imperdurabilidad del alma humana, del arraigamiento del individuo, de la inmortalidad de la emociones y los afectos de cada uno, de los pasos indelebles que uno ha recorrido desde su alumbramiento que dejan unas huellas borradas y aquí sepultadas por el líquido elemento, pero eternamente memorables, pues la memoria propia no se vende a materialismos. En "Las huellas borradas" se habla, en fin, de la expropiación de esa alma, de lo más grande que posee cada individuo.
Es una obra imprescindible en estos antisociales, irreconocibles y puteantes tiempos que corren y de los que apenas podemos, porque no nos dejan, disfrutar.
Magníficas interpretaciones, con momentos estupendos entre Luppi y su viejo amor Sampietro, entre Luppi y un gran Alterio, y sobre todo, de una Asunción Balaguer emocionante y emocionada.
kafka 
|