|
El misterio de las rocas colgantes
San Valentín de 1900 en el Sur de Australia. Un grupo de colegialas australianas desaparece durante una excursión de picnic al paraje de rocas volcánicas de Hanging Rock. Sin encontrar señales de tres alumnas y una profesora, la búsqueda afecta de tal manera a la vida del centro educacional que las pasiones más elementales y los comportamientos más básicos comienzan a aflorar en todas las personas relacionadas con el incidente.
Picnic en Hanging Rock narra la excursión de las alumnas de un colegio a una extraña formación rocosa, donde tres de ellas y una profesora se pierden para siempre, como si se hubiesen volatilizado en el aire. Basada en hechos reales, pero adaptada de una novela de Joan Lindsay, Peter Weir se da a conocer con esta producción que, al igual que su restante obra australiana, se basa en la oposición entre cultura y naturaleza.
Leo en una vieja guía de cine: "Peter Weir es un excelente director australiano que, por desgracia, podría haber dado mucho más de sí. Pero después de rodar dos obras maestras como ésta y La última ola (The Last Wave, 1978), se dejó tentar por la aventura norteamericana para ir perdiendo personalidad, aunque incluso sus películas posteriores sean en general bastante aceptables". Efectivamente, a Weir le conocíamos de El show de Truman, Único testigo y poco más. Y viendo Picnic en Hanging Rock, sabrás por qué está película es única.
Nos sumergimos en mundo victoriano, elegante y austero, con bellas señoritas de cabeza a pájaros que se limitan a soñar. El día de San Valentín, su mayor distracción es un picnic campestre, agradables paseos y una rica tarta. A la hora de comer, los relojes se paran, las muchachas se duermen. ¿Por qué está película no se olvida? El atractivo de esta fascinante película fantástica reside en la eficaz atmósfera creada por Peter Weir para el desarrollo de la historia y en que no se da ninguna explicación lógica sobre el suceso en torno al que gira la acción. Es pura magia.
Rodada para un público exigente, esta maravillosa película es una fiesta para los sentidos, donde la naturaleza se convierte en un personaje esencial. Un exuberante paisaje australiano, que evoca tiempos pasados, la melancolía y el romanticismo, antiguos símbolos. Y esa música... la atemorizante banda sonora de Bruce Smeaton contrasta con las dulces notas de flauta.
Es extrañísima: enigmática, deslumbrante, bella, atemorizante. Hipnotiza. Llena de misterio, de presencias fantasmales, de miedo irracional. Conteniendo la respiración, la inocencia que se traga la tierra; mejor dicho, las rocas colgantes. Es una truculencia... irreal e inexplicable. "Lo que vemos y lo que parecemos no es más que un sueño, un sueño dentro de un sueño". Quizá sea lo mejor, soñar, no despertar...
helen 
|