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A la deriva y sin ídolos que me guíen. (Another Driftin' Blues)
Me quedo sin ídolos que adorar. Despues de tragar este tostón de un director en el que confiaba casi plenamente, pues toda su filmografía anterior oscilaba desde mi óptica entre la gama de buena a excelente. Primero fue hace ya tiempo Woody Allen quien consiguió que empezase a dudar, despues de ver sus deseos de aura de gran director clásico con ese petardo al que llamó "Match Point". Tiempo despues, otro de los que yo consideraba grandes, el Von Trier, se encargaba de desmoronar el castillo que había formado a su imagen, al descubrir sus pilares de arena con la insoportable "El jefe de todo esto". Poco más tarde le tocó el turno a otro de los que tenía por maestros, ni más ni menos que el insigne Winterbottom, que me regalaba otro diamante de esta misma calaña "Tristram Shandy" para la que no existe sopor suficiente que pueda igualar legado. Ahora, tras pasar por el descubrimiento del gran Haneke, con su indescriptiblemente apestosa "Funny Games", le ha tocado el turno a uno de los pocos en los que confiaba, el bueno de Paul Thomas Anderson con estos 158 minutos que he pasado sin sentir el más mínimo interés por lo que le ocurría a ninguno de los personajes, observando anonadado el minucioso esquema seguido al pie de la letra para poder optar a premios variados sin el más mínimo riesgo, excepto el de aceptar la esperpéntica sobreinterpretación del autor principal. Es lamentable porque no le hacía falta recurrir a esto. Creo que Paul Thomas Anderson, a tenor de lo demostrado en sus películas anteriores, no necesitaba esta película que lo único que ha conseguido es hacerme cavilar en lo que estoy comentando y la consabida noción de que no hay blancos y negros. Estamos rodeados de un definitivo color gris con todas sus múltiples gamas. Es cierto, ya casi no queda director ó actor en quien confiar.
Cada vez admiro más películas como "Speed Racer", llenas de tópicos y con el mismo eterno y simplón guión, pero tan sabiamente realizadas que consiguen recuperar por un tiempo la ingenuidad perdida y volver a emocionarme. Empiezo a estar hasta los mismísimos de profetas.
mikinervio 
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