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Que la caperucita roja simboliza la primera menstruación nunca fue más evidente, más clarito en acuarelas.
Decía un amigo que había dos tipos de chicas de colegio de monjas. Las primeras eran unas estrechas que no se dejaban tocar la cacha por debajo de la falda. Las otras, más putas que las gallinas, cambiaban el culo de moto cada mes. Todo esto era conversación de bajada hacía las ursulinas, las purezas, dominicas, o permutable también a cualquier orden canónica monjeril de esa España prelogse que a uno le tocó vivir. Yo escuchaba, tirándome más lo prosaico y comiendo pipas, sin adarga ni celada que mantenerle, pero sí aguantando diatribas sobre las monjitas: “que envenenan la mente de las estrechas y dan al traste las empresas de cortejo que pretendo. Pero por empeño que no quede, que yo seguiré cada tarde intentándolo con más denuedo, mi buen Sancho”; le faltaría de decir. Las putas ni intentarlo, el era Quijote en esto también, y su Rocinante era una bici BMX, en vez de un ciclomotor propio de auténtico y deslumbrante adalid.
Luego pasaron los años, y uno sacó sus conclusiones. Las monjitas sí que envenenan. Pero las chicas en edad de merecer, tanto estrechas como putas; no son nada tontas. Y más porque no le gusta el mancebo, que porque se lo dicte la sor de turno, no van a querer nada. Las princesas se sentirán atraídas por el de la moto (que no es caballero, sino el lobo); luego entrando en la veintena, el príncipe azul; y por último, en estos tiempos en que las mujeres llegan a la treintena sin presiones de casamiento, tocará el bufón, y por fin se atreverán con el cuento del sapo que se convierte en príncipe. Como muestra, Elsa Pataki. Adrien Brody, el sapo.
Pues de todo esto va la película que nos toca hoy comentar, “En compañía de lobos”. Una sincera revisión de los cuentos europeos hecha desde el subconsciente de la estupenda autora Angela Carter. Neil Jordan colabora también en los textos de adaptación. Brillante osamenta (guión) y magistral ambientación. Neil Jordan, en estado de gracia, hace un trabajo excepcional como creador casi total. Una obra maestra a reivindicar, recargadísima de simbolismos, que resta originalidad a mi esperada “Lost girls” de Alan Moore.
travisloock 
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