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Y el señor Lars dijo bailadme el agua...
Lo que en su día se denominase cine Dogma; es decir, ese cine sujeto a una serie de premisas y normas como por ejemplo, que el film no debe llevar música, que tiene que estar grabado con cámara en mano, que los escenarios fuesen decorados reales o exteriores, etcétera... Eso ya de por sí, me parece una manera innecesaria de poner barreras y limitar el inmenso arte que agrupa el concepto del cine más universal; no entendía por qué se tiene que prescindir de tantos recursos. Pero bueno, la innovación siempre que tenga un sentido no tiene porqué ser mal recibida, al revés... y ellos por ejemplo alegaban en su manifiesto que era una medida liberalizadora. Pues vale; adelante señores.
Pero miren ustedes que entre tanta medida y norma, me quieren vender una cosa llamada Automavisión o algo así, me explico; al grabar una escena es una máquina la que controla y elige automáticamente la secuencia y el enfoque de los planos que veremos en la pantalla. Vamos, que parece que quien dirige el cotarro es la maquinita dichosa; y que pasa, pues que encima los planos que nos brinda esta "maravilla de la modernidad" si no están desenfocados, cortan a los protagonistas a la altura de la cabeza, o vemos medio cuerpo, o lo que es más desesperante, no mantiene un ritmo coherente de sucesión de planos, es decir que como es automático y aleatorio; mientras los personajes hablan, cambiarán los enfoques porque sí y sin niguna razón racional... Vamos que tanto la fotografía como el ritmo del lenguaje visual lo mandamos a tomar por culo. ¿Bonito verdad?; ¿le ven ustedes el sentido a esto?, ironía, autoparodia, sarcasmo... puede ser un juego, cierto es; una especie de broma que dura toda la película entera; una especie de comedia visual paralela, vale... pero en ese caso sigue siendo una broma cansina. Donde esté la perfecta duración de cada plano...
Pero bueno, con un apartado técnico tan sinsentido uno se resigna a intentar "acostumbrarse", y cuando más o menos lo consigue; encuentra que hay una comedia de enredo con mucha mala uva; aunque bastante sosa, que trata con mucha ironía y a veces surrealismo la situación de una empresa que está a punto de cambiar de manos y las reacciones de sus empleados con el jefe de todo eso. Unos pobres peleles que no se acaban de enterar quien es el que manda ahí, ni quien maneja sus destinos laborales.
Que no... que no voy a bailarle el agua a nadie por ir de modernito, que la innovación tiene que ser coherente y añadir algo positivo a lo que ya hay, que no hay porqué poner vallas al arte, y que si se ponen, al menos se haga para encerrar entre ellas unas cuantas buenas ideas difíciles de ver entre tanta belleza capaz de distraernos. ¿Que cual belleza?, la que es capaz de englobar el cine de siempre.
Mis estrellas en esta valoración van solo por la historia, técnicamente si pudiese le daba un cero. Pero nada, una experiencia más; disfrútenla.
HEIFER 
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