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Pisando la Zona 2 a ritmo de Swing, mirando las luces brillar.
Con los ojos aún perplejos después de haber observado la maestría técnica de esta cinta de animación japonesa, me dispongo a escribir esta crítica. Y he de decir que ante todo sé sobradamente que lo que más me va a costar es ponerle una nota realmente objetiva, pues sé que su poder visual me va a suponer una especie de velo a la hora de valorarla en su conjunto. Pero bueno, una vez advertidos allá voy...
Imagínense una gigantesca ciudad del futuro, en la que el cemento abarca casi todo lugar donde llega nuestra vista, y donde cohabitan socialmente humanos y robots. Imaginen una sociedad declaradamente desigual (con sus "sectores-ghettos" incluidos), en la que las tensiones entre dichos humanos y robots simplemente son inevitables, pues ambos aspiran a los mismos puestos de trabajo, y comparten necesidades similares, pero no tienen los mismos derechos. Pues bien, ya tienen el contexto de la historia que nos cuentan en Metrópolis; una historia donde el detective Shunsaku Ban y su Sobrino Kenichi buscarán en algún lugar de la agitada urbe al doctor Laughton, un hombre que ha creado a un misterioso cyborg llamado Tima, con oscuras intenciones...
Esa es la premisa de la que parte una historia a todas luces lenta, en la que a veces parece que lo que se ve importa más de lo que se cuenta. Metrópolis es una obra intencionadamente preciosista y pretenciosa, para muchos aburrida; para mí toda una experiencia, en la que música e imagen son la clave y el motor; la causa y el efecto del disfrute. Plana en su historia principal, pero poderosa en su contexto y en su forma. ¿Veredicto?, un seis y medio de nota que se reflejará en 7 estrellitas por haberme dejado constantemente con la boca abierta.
Disfrútenla.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La escena apocaliptica donde Kenichi sujeta a Tima para que no caiga mientras el Ziggurat se derrumba y suena esa canción es quizá de las más bellas que he visto nunca en una película de animación. Tan típica como preciosa...
HEIFER 
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