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¡Nos ataca un monstruo! Sí, hijo. Otra vez. Y no te olvides de coger tu cámara.
J.J. Abrams ha jugado con nosotros. Este tío sabía que tenía una película mediocre entre manos, una película simplemente destinada a verla en momentos en los que no hay nada que ver. Sabía que una publicidad pobre no daría resultados. Y pudo haber explotado la película a bombo y platillo. Pero apostó por una publicidad más eficaz, basada en el secretismo y el márketing viral. Y estoy seguro de que sabía perfectamente lo que iba a pasar. Que millones de personas estaríamos pendientes de Internet, atentos a cuaquier información sobre el monstruo o el título. Que estaríamos haciendo conjeturas sobre la historia. Que buscaríamos relaciones con Perdidos u otros productos relacionados con la firma Abrams. Y que, en el cine, nos daríamos con un canto en los dientes. Porque esto es solo una película de monstruo más. A pesar de la grabación a mano. A pesar del aire realista que tiene. No innova, no cambia nada, no hará historia. Hemos pagado por una película del montón. Y Abrams ahora estará sentado en su butaca, riéndose de nosotros, con los 50 millones que Coverfield recaudó en EEUU en su primer fin de semana, superando en 20 millones el presupuesto de la cinta. Porque sé que Abrams confiaba en recuperar el dinero invertido en solo dos días gracias a la campaña de publicidad. Y yo no puedo sino aplaudir a este tío, que ha engañado al mundo entero de una forma elegante y del todo legal. Da igual que ahora el film fracase en taquilla. Abrams consiguió recuperar su dinero, así que nada le importará a partir de ahora. Bravo.
Mucho ha llovido desde aquel misterioso teaser de julio. Ahora Cloverfield está en nuestros cines, y la sorpresa no puede ser mayor. Los peores temores se confirman, y nos encontramos ante una película irreal y repleta de rrores, pero muy entretenida y angustiosa, y que simplemente coge las reglas del género y las adapta a su modo de ser. Para ver, disfrutar y recordar solo porque una vez fuimos de esos frikis que se tiraron horas devanándose los sesos y buscando en webs alguna mísera pista...
Lo mejor:
-Esa sensación de angustia y duda que te acompaña durante toda la película.
-75 minutos perfectamente condensados.
-Cine con el único objetivo de hacer disfrutar, sin más. Muy entretenida.
-El recurso de rodar cámara en mano, realmente eficaz.
-¿30 millones? Imposible.
-Cómo ha jugado Abrams con nosotros.
Lo peor:
-A pesar de todo, el guión es ridículo e imposible, repleto de errores y situaciones para discutir.
-¿Para cuándo la segunda parte? Es necesaria.
-Cómo ha jugado Abrams con nosotros.
-Muy pretenciosa, en parte por las expectativas que creó.
-Que es otra película de monstruo más; no innova, no cambia nada.
Espilberg 
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